En medio del surrealismo trágico que vivimos los venezolanos dentro y fuera del país (porque sí, señores, quienes que estamos fuera también pasamos roncha), me permito decir algo (so riesgo de que los radicalismos me dejen sin un par de amigos):

Entiendo que nos apeguemos a medios y personas que defiendan nuestra causa y se hagan ¿participes? de nuestra ¿tragedia? pero de ahí a adoptar posiciones incoherentes, radicales e irrespetuosas convirtiéndonos en lo que supuestamente “deploramos”, hay una distancia muy grande.

No me alegra que hayan golpeado a una mujer policía en las últimas manifestaciones en Venezuela. Ya se que violencia engendra violencia, que hay cabreo y que ellos (el gobierno) también lo hacen, pero creo que hay que estar por encima de todo eso; no nos podemos llamar pacifistas y declararnos en contra de la violencia, mientras apoyamos esa acción.

Me choca que los políticos españoles, empezando por los que gobiernan cojan nuestra situación como bandera para su campaña electoral. Señores, ocúpense de sus asuntos y resuelvan en su país que aquí también hay bastante gente cabreada.

Regalar la nacionalidad a un grupito de personas por querer quedar como solidarios y como humanitarios, no los exime de la responsabilidad que han dejado de asumir frente a gente que está pasando más penurias que precisamente ese grupito de personas (me refiero a los refugiados sirios, a muchos venezolanos que han salido huyendo pero que no tienen la tribuna de los que ustedes han cogido como bandera; a los que intentan cada día pasar la valla de Melilla), no los exime de que se les tache de incoherentes e inhumanos cuando todos los días mueren niños sirios intentando ponerse a salvo en Europa sin derecho a nacionalidad, con el único derecho de morir o intentar sobrevivir.

Coger un avión para ir a pronunciarse a favor de la oposición, mientras no se ha vivido el día a día de un venezolano que busca qué comer o medicinas para paliar dolencias, cuando no se te ha muerto un familiar, un amigo, el hijo de alguien por la inseguridad o por la falta de algún medicamento, no sólo es incoherente, es cómodo.

No haber vivido lo que significa hablar con los tuyos y saber que no tienen ni que comer, ni manera de encontrarlo, que no les alcanza ni para lo básico, que viven apagones mientras a ti te carcome la impotencia de no saber cómo ayudarles y hablar con supuesta «propiedad» al respecto, es absurdo, puro teatro.

Pregonar que en Venezuela se vive en «el mar de la felicidad» cuando nunca has pasado por lo que mencionaba antes, cuando no te has acostado con la tripa vacía, cuando no sabes lo que es no poder enviar a tus hijos al colegio porque no tienes desayuno que darle; entre otro montón de situaciones para las cuales me harían falta muchos muros, no solo es incoherente, es cruel, surrealista e ignorante.

A los medios de comunicación que nos apoyan, permitiendo contar nuestra realidad en sus páginas se les agradece, pero hagamos claro el trato: nosotros les ayudamos a vender más periódicos, pero no quiere decir que todos estemos de acuerdo con sus políticas editoriales, con su lenguaje y con su parcialidad.

Ojo, hablo por mi, por lo que siento y por lo que veo, si me quieres poner una etiqueta (cosa que se estila hoy en día): Tu mismo(a). Así como quien no esté de acuerdo conmigo (cosa que respeto), puede coger sus cachachás que ahí está la puerta, y si eres capaz de reflexionar e intentar ser tolerante sigues siendo bienvenido.

Saludos.

Silmar Jiménez