Una vez más nos vemos obligados a comentar el diálogo entre oposición y gobierno y lo hacemos porque pensamos que en las actuales circunstancias y tal como está planteado puede ser una simple trampa cazabobos. No es que nos opongamos a él, pues nadie puede objetar el mecanismo más sensato que existe para encarar situaciones conflictivas y encontrar, de común acuerdo, soluciones a tales conflictos que satisfagan a todas las partes. Desde que existe la humanidad los hombres han dialogado. En la medida en que las sociedades han avanzado los mecanismos del diálogo se han perfeccionado.

No obstante, cuando se tiene en frente a un gobierno que aparenta ser democrático, porque realizan elecciones cuando le conviene y pero no las lleva a cabo cuando sabe que será derrotado, como sería el caso si se realizara el referendo revocatorio previsto en el artículo 72 de nuestra Constitución, o rompe el hilo constitucional a través del TSJ, tribunales y el CNE, entonces el diálogo no es posible. Y no es posible cuando los mediadores ya han tomado partido de antemano, como es el caso de los tres ex presidentes que el gobierno buscó para que actuaran como tales.

Si es verdad que la presencia del representante del Vaticano le da respetabilidad y credibilidad al diálogo, ello en si mismo no garantiza que el gobierno participe de buena fe, acate lo establecido en la Constitución, libere a los presos políticos, permita el regreso de los exiliados, no continúe con la persecución política y busque soluciones reales a los ingentes problemas que confrontamos los venezolanos, pero por encima de todo, se comprometa a cumplir con los establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y respete la renovación e independencia de los poderes públicos.

El Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), Monseñor Diego Padrón expuso la visión y lo que espera la Iglesia del diálogo, “El diálogo no puede ser sustitución de un derecho del pueblo. No viene a enfriar al pueblo ni a quitarle la voluntad de revocar. El gobierno niega la crisis, esconde las colas que los venezolanos tienen que hacer, pero existen y se mantienen los mismos problemas”.

A través del diálogo el oficialismo lo que está fraguando es una política de sobrevivencia. Estamos conscientes que se oponen a la realización del referendo revocatorio porque saben que no solamente Maduro perderá la presidencia sino que también ellos perderán el poder. Por eso, deben llegar a toda costa al 10 de enero de 2017, fecha plazo impuesta por la Constitución – que en este caso si acatarían porque les conviene – cuando sí permitirían el referendo revocatorio ya que Maduro saldría pero su mandato lo culminaría el vicepresidente de la República. De esta manera ganarían tiempo hasta el 2019, tratando de recuperarse como fuerza política pero con toda seguridad seguirían gestionando el caos como política de Estado y por lo tanto hundiendo, aún más, a Venezuela en la miseria y desolación.

Nos encontramos en un momento que nos llena de perplejidad. Frente a un oficialismo que sabe lo quiere y pretende, a una presión internacional favorable al diálogo pero que pareciera desconocer la realidad de lo que vivimos y prueba de ello fue el silencio sobre la democracia en Venezuela que sostuvo la reciente Cumbre Iberoamericana en sus conclusiones, la oposición se presentó a la reunión del pasado 30 de octubre dividida y no adecuadamente representada y sin claridad de objetivos.

Si el liderazgo opositor continúa con las marchas y contramarchas, carente de una visión estratégica unitaria, perderá irremediablemente la credibilidad ante la ciudadanía y nos expondrá a innecesarias confrontaciones.

Cabe recordar una frase que le escuché en una oportunidad a un importante líder político brasilero, “La popularidad es como las olas del mar, va y viene, pero la credibilidad cuando se pierde, se pierde para siempre”.

31 de octubre de 2016.

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