no hay leche

En los anaqueles de abastos y supermercados del estado Zulia no hay leche desde hace mucho tiempo. Los padres son los que más notan esta carencia, debido a que no pueden alimentar como es debido a sus hijos.

A pesar del último aumento salarial de un 30% decretado por el autodenominado “Hijo de Chávez”, justo antes del proceso electoral que atravesará Venezuela el próximo 6 de diciembre, las cifras no terminan de concordar para que algunas familias puedan cubrir las necesidades alimenticias.

En una casa humilde al norte de Maracaibo, vive Chiquinquirá Castro, junto a sus tres pequeñas niñas y a quien sus ingresos no ven de cerca ni siquiera un sueldo mínimo. Ella relató a El Correo del Orinoco, las penurias con las que debe sobrevivir para llevar el sustento a su hogar. Indicó ser cursante del cuarto año de enfermería, carrera que se vio obligada a abandonar para dedicarse a la venta de bolsas de hielo, situación en la que lleva más de un año: “mi esposo gana sueldo mínimo, al principio podía ayudar a vivir con la venta de hielos, pero son tres niñas y se deben alimentar bien”.

Para Chiquinquirá su mayor preocupación es el clamor de madre, confiesa sentirse trastocada cada vez que alguna de sus hijas llora por alimento, los teteros permanecen vacíos y puestos en un rincón de su cocina, pues asegura que lleva dos meses esperando que a los establecimientos comerciales llegue la tan esperada leche: “me voy a la cola a preguntar qué van a sacar, siempre con la esperanza de que sea leche en polvo, porque no tengo cómo pagar dos mil bolívares para comprar una a los revendedores”.

Pausada por la agitación que le genera la situación y con sus ojos quebrados en llanto dijo que le ha tocado pedir a sus vecinos, pero que en repetidas oportunidades se va en silencio a la cama junto a sus niñas sin comer.

Al igual que dentro de las cuatro paredes en las que vive Chiquinquirá Castro, el mismo escenario se repite en las neveras de otros hogares en las que sólo agua y hielo permanecen en el vacío. Y del tormento del que las familias sufren al tener que juntar cuatro veces al mes, seis días de salario para adquirir un kilo de leche, si es que este aparece en los anaqueles o en el comercio informal.