Zhihua ZhuLa cultura occidental, mezclada con la hipocresía anglosajona, es y ha sido una de las negaciones más grandes del progreso de la especie humana. Se discutía sobre la procedencia de la pólvora, cómo llegaba el papel a nuestras gutenberg… si de la mano de los asirios, de los egipcios, si entró por el Nilo, o fue en un laboratorio florentino. Los estudiosos, los creadores, los recreadores del arte nunca creyeron que aquello que nacía en el occidente de un mundo separado por el mismo sol, estuviese desarrollado a la par, en culturas que nunca han merecido el reconocimiento como tales.

No seremos nosotros los que tratemos de quitar carta a cielos del mundo, pudo llevar a la realidad de una traza. Pintando los desiertos de estelas de intercambios, llevando la luz a los lugares donde no se hizo, fue Marco Polo, amante de las mares, navegante veneciano que ocurrió, pensó, parió, compartió una ruta, la de la Seda, una realidad, que los hombres de entonces supieron entender, explorar y explotar. Desde muy abajo, como el más pequeño de los grandes hombres que escribieran una historia que hoy vuelve a ser realidad.

Hace unos años, cuando llegaban a los colmados de horas de sueño, en el suelo frío de las frías ciudades europeas que no les veían… entraron por la puerta de atrás, pero se instalaron, con respeto, cariño, y así, decidieron quedarse. Hoy, sin duda, y por acumulación de la deuda corrupta e incomprensible de terceros, China es el país más poderoso de la tierra. Y los Chinos, como cultura y civilización, han visto por el gran retrovisor de su futuro, como Europa y las Américas del Sur se quedaban huérfanas. El paso de Obama por la Casa Blanca, y el cambio de rumbo en muchos de los países del cono Sur, del centro, y de la ocupada franja central, obligan a que otros países ejerzan el liderazgo que los de cola, con Europa a la cabeza, añoran, necesitan y temen para poder sobrevivir.

Una nueva Ruta de la Seda, una invasión pacífica y real. Una mezcla de culturas donde la nuestra tiene la oportunidad de integrarse, y aprender de otra milenaria que nos avanza lo que está por llegar. Aquí inventamos, eso decían. Allí nos hicieron ver que la producción, que no la sublevación incontenida, conduce a la creación de espacios comunes, en los que, y por los que, transitar, andar, deambular, pensar libremente. Un día soñé, hoy busco a un equipo médico que me implante y me incorpore un traductor para poder entenderles mirando sus caras, sus ojos, que sorprenden por la profundidad de una estela, con la que un día Marco Polo soñó.

Zhihua Zhu

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